Los dos dientes hallados en la cueva de la Buena Pinta hablan de la vida de un neandertal en la sierra madrileña, allá por el Paleolítico Medio. Su cobijo, según las investigaciones de este verano, era el cauce de un río seco techado por la caliza. Vivían en el Abrigo de Navalmaillo, en Pinilla del Valle.

Son dos muelas contiguas, el segundo y el tercer molar, que evidencian que este madrileño, que pisó la región hace 63.400 años, se limpiaba los restos de comida con palillos mondadientes. Unos surcos entre las caras de contacto de estas muelas dan testimonio de sus hábitos de higiene dental.

Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología y codirector de las excavaciones de Pinilla del Valle, anunció ayer en Alcalá de Henares que este hallazgo les hace pensar que seguramente sabrán más de este homínido en el yacimiento, “ya que se trata de dos molares de una misma mandíbula. Tenemos esperanzas de encontrar más restos”.

Los dientes pertenecían a un Homo neanderthalensis de unos treinta años. Con ellos, masticaba la carne de los animales que cocinaba al fuego, en su mayor parte herbívoros: gamos, ciervos, corzos, uros, caballos e incluso rinocerontes. De todos ellos ha encontrado restos fósiles el equipo interdisciplinar de 80 personas que trabaja desde hace seis años en los tres yacimientos de Pinilla del Valle.

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