Los trabajos de excavación y estudio que, desde 1980, se vienen desarrollando en La Bienvenida están generando resultados del mayor interés para la reconstrucción de la dinámica histórica de la comarca. A las investigaciones estrictamente relacionadas con el propio yacimiento, deben adicionarse otros análisis de tanta importancia como aquéllas y que pretenden el conocimiento de las relaciones de la ciudad con su entorno. El equipo de investigación de este yacimiento arqueológico -Carmen Fernández Ochoa, Mar Zarzalejos Prieto, Patricia Hevia Gómez y Germán Esteban Borrajo- ha informado reiteradas veces sobre la mecánica del trabajo de excavación y la necesidad de proteger y cuidar ese inmenso libro de historia que es el yacimiento de La Bienvenida.
La investigación sobre vías o caminos antiguos constituye una cuestión de gran importancia para la comprensión de los fenómenos económicos y estratégicos que inciden en el desarrollo de cualquier núcleo antiguo.
El marco de la actividad económica principal de la Bienvenida en la antigüedad estuvo ligado indudablemente con la explotación de las minas de cinabrio y plata.
La Bienvenida ha podido ser identificada con un importante centro minero citado por las fuentes clásicas: SISAPO. La ubicación de SISAPO en La Bienvenida, propuesta a partir del descubrimiento de un fragmento de piedra marmórea con restos de una inscripción, cada día va cobrando mayor seguridad merced a los registros que las últimas campañas arqueológicas están permitiendo realizar. Un centro cuyo desarrollo económico estaba cifrado en la gestión de los recursos mineros, necesitó de una red de caminos adecuada para el ejercicio de sus relaciones comerciales. Los estudios sobre vías romanas cuentan con una documentación de partida excepcional, cual es la existencia de fuentes itinerarios antiguas. Una de ellas, es el llamado ITINERARIO DE ANTONINO, escrito a fines de¡ siglo 111 D.C.; contiene un conjunto de caminos entre las grandes ciudades de¡ Imperio romano, haciendo constar las etapas intermedias en la ruta (MANSIONES) y las distancias en millas romanas existentes entre ellas. SISAPO (La Bienvenida) aparece mencionada en este itinerario formando parte de uno de los caminos romanos que unían Mérida con Zaragoza. Este trazado contó, según el documento citado, con ocho estaciones de parada hasta llegar a Alhambra (Ciudad Real), desde donde ascendía en dirección Norte para alcanzar Zaragoza. Desde fines del siglo pasado, algunos estudiosos han intentado aclarar cuál sería la materialización concreta de este camino sobre el terreno, a partir de la ubicación de los puntos de parada en lugares no siempre coincidentes. Abordar este trabajo no es tarea fácil, dado que esta vía debió contar con escasos tramos pavimentados y que los pocos que pudieron estarlo no se han conservado. Si a esto se añade que, de mantenerse las actuales identificaciones de los lugares de parada, existen problemas en la adecuación entre las distancias del itinerario de Antonino y las distancias reales, queda bien patente la dificultad que reviste la realización de un estudio sobre caminería romana y, en concreto, sobre esta vía. Al margen de éstas y otras consideraciones que vienen siendo sometidas a debate en los círculos científicos, existen razones geográficas, histórico-arqueológicas y económicas que permiten defender el paso de esta vieja ruta por el sector occidental del Valle de Alcudia. Los últimos estudios efectuados sobre este recorrido abogan por su entrada en el Valle de Alcudia, procedente de Capilla (Badajoz) a través de los que hoy se conocen como Camino del Llano y Camino de Almacén a Alamillo. Desde Alamillo, la ruta pudo proseguir hasta La Bienvenida por el Camino de la Cabrera, Camino de las Lagunas, Senda de los Molinos y Camino de Alamillo a La Bienvenida. Una vez alcanzada La Bienvenida, el trazado se encamina por el Puerto de Veredas hacia Caracuel, que en la antigüedad se denominó CARCUVIUM, para, a través del Valle del Jabalón dirigirse hacia Torrenueva, la Ermita de Mairena en Puebla del Principe y finalmente Alhambra. Este recorrido, cuyo uso en tiempos de los romanos creemos probable, debió ser empleado algunos siglos antes de la llegada a la comarca de éstos. Existen materiales arqueológicos de los siglos V-IV a.C. en distintos puntos de su recorrido, que indicarían la frecuentación de esta ruta que atraviesa en sentido W-E la mitad Sur de la Provincia de Ciudad Real. Es más, los resultados de los últimos trabajos realizados en La Bienvenida que han permitido situar la fundación de este núcleo a fines del siglo VIII a.C., parecen apuntar el empleo de un sector de este camino en tiempos tan antiguos. De este modo, ese corredor natural que es el Valle de Alcudia, inicia su funcionamiento como canalizador de rutas en momentos remotos de su historia. Este carácter de lugar de paso que ha ido perdiendo con la construcción de carreteras y con los cambios que la estrategia económica ha ido imponiendo, se ha mantenido muy activo hasta hace años con la confluencia de las rutas ganaderas que comunicaron ambas Mesetas. Además de este camino, en uso muchos siglos antes de que un documento romano se refiera a su existencia, La Bienvenida debió formar parte de otra ruta que comunicó Toledo con Córdoba. En este caso, no disponemos de ninguna fuente itinerario romana que se refiera previamente a él, aunque de su traza en el Medievo, tenemos noticias a través de geógrafos árabes. La reconstrucción de los lugares de paso de este camino tampoco es fácil, más aún si se tiene en cuenta que su trazado varió con las vicisitudes y necesidades defensivas por las que fueron atravesando las plazas árabes ante la Reconquista. De los diversos caminos entre Córdoba y Toledo recogidos en los itinerarios árabes, el de EL-IDRISI, escrito en el siglo XII, es el más completo y parece adaptarse en mayor medida a lo que pudo ser un camino romano anterior al musulmán. Su traza antes de alcanzar La Bienvenida, atravesaría el Valle de los Pedroches (Córdoba) penetrando en el de Alcudia quizá por la moderna Vía del Azogue; desde aquí únicamente habría de enlazar con el camino de Mérida a Zaragoza. Desde La Bienvenida hasta Caracuel el trazado podría ser el mismo citado en el caso anterior. Finalmente, otro camino romano comunicó La Bienvenida con Linares (Jaén), donde existía otra ciudad de gran importancia minera: CASTULO. De este enlace sólo sabemos a través de una inscripción romana que indirectamente se refiere a su existencia, puesto que menciona a un benefactor que costeó los gastos de reparación del camino que comunicaba CASTULO con SISAPO. Es posible que esta ruta fuese eminentemente minera puesto que conectaba dos centros cuya economía basculó en torno a esta actividad. Por esta razón, podría esbozarse un trazado que uniera lugares con probado beneficio de las minas en la Antigüedad. La última propuesta existente sobre este camino le hace penetrar en el Valle de Alcudia a través de la Sierra de La Solana pasando por las proximidades de Hinojosa de Calatrava y Cabezarrubias. De este modo alcanzaría el área minera conocida como La Romana donde podría enlazar con la ruta que hemos descrito en primer lugar.

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