El cadáver pertenecía a una joven, probablemente pastora, que presentaba un buen estado de salud cuando falleció hace 2.700 años, sin que hayan podido averiguarse las causas de su muerte. La pastora del Cuera también asistió ayer a la presentación del libro que recoge sus investigaciones; lo hizo dentro de una urna de cristal que permitía examinar su esqueleto completo, el único que se conserva en Asturias del primer milenio antes de nuestra era.

Muchos fueron los análisis y los métodos de investigación utilizados para averiguar detalles de la joven fallecida. Así han conseguido saber que sufrió algún tipo de estrés alimentario durante su infancia y que su dieta estaba basada en cereales, verduras, frutas y carne. Los datos ofrecen una visión de la época que le tocó vivir un tanto diferente a la que los antiguos historiadores venían ofreciendo. Todo indica que “las dietas eran más variadas y la economía de la época más rica de lo que se preveía”, afirmó Rosa Barroso.

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