ANTHROPOS

Difusión de noticias sobre Arqueología, Antropología y Patrimonio Histórico.

1.9.09

El tesoro de "La Mercedes" recuperado por Odissey volverá a España

El Gobierno de EEUU apoya a España en el "Caso Odyssey".

Cultura agradece a la Casa Blanca su posición respecto al litigo por el tesoro del "Nuestra Señora de las Mercedes"

El Gobierno estadounidense ha presentado en el tribunal de Tampa (Florida) que se ocupa del caso Odyssey "la posición oficial de los Estados Unidos en apoyo de los intereses de España", según ha destacado hoy el Ministerio de Cultura en un comunicado. "El Ministerio de Cultura agradece el apoyo del Gobierno estadounidense ya que éste representa el interés común de los gobiernos español y estadounidense por proteger la inmunidad soberana del pecio Nuestra Señora de las Mercedes", destaca el comunicado.
Cultura agradece también la posición norteamericana por evitar "la perturbación ilícita de navíos", por defender el patrimonio de España y respetar el lugar donde descansan los restos de los aquellos que murieron "mientras prestaban servicios a su país".
El abogado que representa al Gobierno español en el caso Odyssey presentó ayer al tribunal la respuesta de España a las alegaciones presentadas por la empresa Odyssey Marine Corporation, Perú y otras partes. Asimismo, Estados Unidos ha presentado al tribunal estadounidense la posición oficial en apoyo a los intereses de España con documentación jurídica preparada por el Departamento de Justicia del Gobierno norteamericano que incluye las posiciones del Departamento de Estado y de la Armada estadounidenses.
El proceso legal en Estados Unidos requiere que todas las partes que se presentaron en el proceso judicial argumenten ante el juez Steven Merryday la legitimidad de la decisión adoptada el pasado mes de junio por el magistrado Pizzo que dictaminaba que el tesoro rescatado por la empresa Odyssey del fondo del Atlántico debía ser devuelto a España.
De este modo el tribunal desestimaba la reclamación de la empresa puntera en la búsqueda de yacimientos arqueológicos submarinos que el pasado 18 de marzo de 2007 anunció el descubrimiento de un tesoro de 500.000 monedas de oro y plata. Ante la sospecha de que se trataba de los restos del buque español Nuestra Señora de la Mercedes, hundido en 1804, el Gobierno español comenzó una batalla legal que se ha prolongado hasta hoy. Ante el informe y recomendación emitido entonces por el magistrado Pizzo, el abogado del Gobierno español demuestra y argumenta que dicha decisión refleja "un correcto y cuidadoso análisis de la evidencia y de los principios legales que establecen que el pecio, los marineros, las monedas y demás objetos están protegidos de perturbaciones ilícitas y explotación comercia". Igualmente reconoce que los tribunales de otros países deberían unirse al Estado español en la protección del patrimonio histórico subacuático para el beneficio público.

Un juez de Florida dictamina que las 500.000 monedas recuperadas por Odyssey pertenecen al buque español

El tesoro de La Mercedes debe volver a España. Ésa es la recomendación del juez Marck Pizzo en un fallo con el que zanja dos años de batalla legal que ha enfrentado a España y a la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration por la propiedad de las 500.000 monedas de plata y oro.

Odyssey encontró el tesoro en mayo de 2007 muy cerca de las costas del Algarve, en Portugal. Las primeras hipótesis de la compañía (no reveladas hasta mucho después) apuntaban al barco Nuestra Señora de la Mercedes, un buque español hundido en 1804 en la batalla del cabo de Santa María, tras una cruenta batalla naval con la flota inglesa. La empresa siguió entonces el procedimiento que suele emprender cada vez que hace un descubrimiento: registrar los derechos del hallazgo en un tribunal de Tampa (Florida).
Pero España sospechó desde un primer momento que la identidad del pecio codificado por la compañía con el nombre en clave de Black Swan (Cisne negro) y reclamó sus derechos históricos en el mismo tribunal.
Tras dos años de deliberaciones, acusaciones, persecuciones de la Guardia Civil a los barcos de Odyssey, y un buen gasto en abogados por las dos partes, el juez Mark Pizzo decidió ayer (madrugada del jueves en España) que no tiene jurisdicción sobre el caso y recomienda que toda la carga sea devuelta a España. El magistrado entiende así que el pecio encontrado por Odyssey es La Mercedes, algo que la compañía señalaba únicamente como una hipótesis.

Odyssey anuncia un recurso
La reacción de Odyssey se produjo poco después. La compañía anunció en un comunicado que recurrirá la decisión judicial. La empresa argumentó que el juez no ha tenido en cuenta algunos aspectos del caso como el hecho de que el buque estaba realizando una misión comercial en el momento de hundirse y que por tanto los propietarios de la carga son los herederos de las más de 200 personas fallecidas en la explosión del barco. "Creemos que estas personas se unirán a nuestra reclamación", señaló Melinda MacConnel, vicepresidente y abogada de Odyssey.
"Estoy muy sorprendido", afirmó Greg Stemm, presidente y cofundador de la empresa. "Confío en que finalmente el juez o el tribunal de apelación vean la debilidad de los argumentos de la reclamación de España".

"Odyssey cometió un acto de piratería"
Rafael Azuar, director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, fue uno de los expertos enviados por el Ministerio de Cultura a Tampa para examinar las pruebas aportadas por la empresa Odyssey para reivindicar el tesoro del galeón español Nuestra Señora de las Mercedes, hundido en 1804.
Pregunta: ¿Cómo valora la sentencia?
Respuesta: La decisión ratifica que es un galeón español de la Armada y que la actuación de Odyssey fue ilegal y de expolio.
P.: La compañía anunció que recurrirá.
R.: Hay pleitos anteriores del Gobierno español que luego fueron ratificados por el Supremo. Hay un caso muy parecido. Estoy convencido de que la decisión será ratificada.
P.: ¿La resolución judicial desenmascara la verdadera naturaleza de Oddysey?
R.: Oddysey ha manipulado. Es una empresa muy potente, cotiza en bolsa en Estados Unidos, tiene recurso e infraestructuras poderosos y también usa los medios para defender sus intereses.
P.: ¿Practican la piratería arqueológica?
R.: En este caso se puede hablar de actividad de piratería. Oddysey no tenía ninguna autorización, lo hizo con nocturnidad y alevosía, ocultaron información sobre su ubicación, sacaron por Gibraltar lo extraído con la intención de no hacerlo público. No cumplieron ninguna norma.
P.: ¿Se pueden evitar nuevos casos?
R.: Desgraciadamente, el delito y el robo se da cada cierto tiempo. Aunque se tomen medidas, el delincuente siempre va por delante.
P.: ¿Qué lección se ha extraído del caso Oddysey?
R.: Quizás debamos mejorar la coordinación de las administraciones en la protección. Las comunidades autónomas han acelerado para redactar el Libro Verde de la Arqueología Subacuática, que desarrolla la filosofía del Plan Nacional de 2007. A nivel popular, ha surgido más interés y sensibilización por estos temas.
P.: ¿Hay algún inventario de barcos hundidos?
R.: Según los censos de la Armada, en todo el mundo hay unos 3.000 barcos españoles hundidos entre los siglos XVI y XIX. En Cataluña hay unos 800 pecios anteriores al XVI. Calculo que el patrimonio español o en las costas españolas oscila entre 5.000 y 7.000 barcos hundidos.

Perú también reclamaba el tesoro del Oddysey
La República del Perú reclamaba ante la Corte de Florida el tesoro de 500.000 monedas de plata y oro -casi 17 toneladas- que encontró Odyssey frente a las costas del Algarve en mayo de 2007.
Los escudos de plata y oro y los reales de a ocho que transportaba este barco desde América con destino a Cádiz son de la época de Carlos IV y fueron acuñados en Lima, es decir, que salieron de las minas de Perú. Por esta razón, el país decidió el 19 de agosto de 2008 presentar una reclamación ante la Corte de Florida.
En su reclamación, Perú declaraba que mantiene el interés en sus propiedades y que no ha consentido ningún salvamento de su patrimonio. También señalaba que se refiere exclusivamente a la carga del buque y no al buque en cuestión. Por su parte, Enrique Ujaldón, director general de Bellas Artes y Bienes Culturales, declaró que Perú tendría muchos "problemas" para mantener su demanda porque "no ha firmado las Convenciones de Derecho del Mar ni sobre Protección de Arqueología Subacuática, y, además, no existía como Estado en el momento del hundimiento de la fragata". Tras conocerse la reclamación del Gobierno peruano, la compañía Odyssey señaló en un comunicado que la empresa acogió "con satisfacción" la noticia, pues plantea "una oportuna cuestión sobre quién es el verdadero propietario de los beneficios culturales y económicos derivados de las naciones colonizadas".

El comandante Bustamante y Guerra fue impulsor de la expedición Malaspina

JESÚS RUIZ MANTILLA

En algunos casos, el dinero es lo de menos. Frente a la audacia, el arrojo, la honra y eso para tantos anecdótico pero que es ni más ni menos que la historia; el oro, la plata, el vil metal, es lo de menos. Aunque hablemos del mayor tesoro hundido y cuantificable del mundo, aunque se trate de más de 3.000 millones de euros de hoy perdidos hace dos siglos frente a las costas...
Es el caso de la peripecia de Joseph Joaquín Bustamante y Guerra. La mala fortuna quiso que fuera él quien viera hundirse a la mítica Nuestra Señora de las Mercedes y a las tres fragatas que la acompañaban (La Clara, La Medea y La Fama) en su viaje de Montevideo (Uruguay) a Cádiz aquel 5 de octubre de 1805. La saña de los ingleses hizo el trabajo sucio. Su provocación acabó con los buques a pique y 249 tripulantes y comerciantes de las Indias con sus familias ahogados a escasas millas del Algarve, en Portugal.
Doscientos años después vino la polémica. Nadie se acordaba de aquello hasta que la empresa Odyssey, una especie de tinglado basado en la piratería posmoderna, diera con sus restos y comunicara que había hallado el tesoro de lo que dio en llamar misteriosamente El cisne negro. El Gobierno español lo llevó a los tribunales y un juez de Tampa (Florida), donde tiene sede la compañía, les obligó a dejar de marear la perdiz e identificar el tesoro. Era, tal y como se contó en este diario, el pecio más buscado del mundo: el de La Mercedes, con sus 500.000 monedas, acuñadas en Perú a finales del siglo XVIII, y un equivalente a 17.000 kilos de oro y plata. Pero con vidas como la de Bustamante y Guerra, con implicaciones históricas fundamentales para lo que años después fue la Europa contemporánea como las que tuvo aquella acción, lo dicho: el dinero es lo de menos. Porque tras la violenta carga contra La Mercedes, la historia del continente cambió. Dio un giro radical de equilibrio de fuerzas, de estrategias políticas. "El hundimiento de La Mercedes nos llevó directamente a la batalla de Trafalgar y de ahí acabamos en la guerra de la Independencia", comentan José Luis Casado Soto, director del museo marítimo de Santander, y Aurelio González de Riancho, estudioso de la figura de Bustamante y Guerra. En aquella época, España se mantenía neutral frente a Francia e Inglaterra. La acción del almirante Cornwallis les obligó a retratarse. Al no querer rendirse, el fuego desató todo lo demás. Obligó al reinado de Carlos IV a posicionarse junto a Napoleón. Después, lo que sigue...
Al mando de aquella flota estaba Bustamante. Un personaje que durante toda la polémica por el episodio del Odyssey apenas ha cobrado protagonismo más allá de una línea. Es su sino. Haber acometido auténticas peripecias, empresas de las que cambian el rumbo y la vida de la especie y caer en el olvido. "Es un completo desconocido, no se le ha hecho nunca la justicia que merece", clama González de Riancho, quien ha dedicado algunos años al estudio de él y su familia cántabra de Alceda.
El caso es que el amigo Bustamante y Guerra fue un personaje de película. Uno de esos lobos de mar nada al uso, mezcla del altivo Fletcher Christian de la mítica Bounty y capitán Cook. Surcó los siete mares, entregó el pellejo en cada travesía y abrió brechas como las de la expedición Malaspina, junto al marino italiano. "Fue un ilustrado, una extraña mezcla de marino y científico", comenta González de Riancho.
Nació en Ontaneda en 1759. A los 11 años ya era guardamarina y emprende su carrera naval. Primero se las ve con berberiscos, muy pronto se hace plenamente consciente de que lo suyo contra los ingleses será un pleito largo. Le apresaron tras una refriega en la que detuvieron su rumbo a Filipinas y estuvo cautivo un año. Pero después hubo un encuentro que cambió su vida. Conoció a un italiano de rompe y rasga, encantador y digno espíritu de la floreciente ilustración que se llamaba Alexandro Malaspina. Aquello fue un hito. Cambió la fisonomía del mundo y las expediciones científicas posteriores, incluida la más famosa entre las famosas, la del Beagle de Charles Darwin. "Expertos de todo el mundo han venido a España a conocer las aportaciones que consiguió la Malaspina, pero nosotros hasta hace cuatro o cinco años no nos hemos enterado de lo que todo eso supuso", dice Casado Soto.
Aquello fue, ni más ni menos, el experimento naval y científico más imponente de la época en Europa. Corría el año 1788. Malaspina y Bustamante y Guerra escriben a su majestad proponiéndole la aventura. En menos de un mes, el ministro de Marina, Antonio Valdés, les responde que lo que haga falta. La idea era tan simple como descabellada: dar la vuelta al mundo y describirlo.
Se construyen dos corbetas, la Descubierta y la Atrevida, diseñadas especialmente para el viaje. Tenían capacidad de carga, aguante y destreza para cualquier tipo de mar. Se podían almacenar víveres para dos años, leña para seis meses, disponían de espacio para transportar animales y plantas y fogones para dulcificar el agua del mar con alambiques. Medían 120 pies e iban armadas con 22 cañones.
Entre la tripulación, escogida por Bustamante y Guerra, había médicos, científicos, cirujanos, pintores y especialistas en historia natural dispuestos a aguantar los cinco años que pasarían lejos de sus casas. "Había otro problema, los marineros que una vez llegaban a los mares del sur y eran recibidos por indias desnudas en grandes fiestas, no querían volver...", cuenta Riancho. Los que lo hicieron después de surcar el Atlántico y el Pacífico dos veces y bordear las costas de toda América y llegar a Australia, trajeron cientos de especies y dibujos de ciudades míticas y lejanas.
La España de Godoy estaba para pocas bromas. Cuando Malaspina desembarcó y denunció la situación en las colonias y los males incipientes que acabarían con la ruina del imperio, fue arrestado y su trabajo enterrado en el olvido. Bustamante y Guerra también pagó las consecuencias. Fue enviado a Montevideo. A la vuelta, ya saben lo que le pasó. Aun así sobrevivió.
Tuvo tiempo para luchar en Trafalgar y para hacerle un corte de mangas a Napoleón cuando los franceses le quisieron obligar a jurarles lealtad. Huyó disfrazado de fraile a Sevilla y acabó abrazando el absolutismo de Fernando VII. Pero un error lo comete cualquiera. Lo malo es cuando has tocado la gloria y nadie sabe reconocértela cuando has muerto. Justo como le ha pasado a él, por los siglos de los siglos.


La Armada sale al rescate de los pecios españoles.
Firmará un convenio con el Ministerio de Cultura para recuperar el "Santo Cristo de Maracaibo" y "La Reina Regente".

La Armada quiere ayudar a recuperar el patrimonio español sumergido. La Marina Española firmará próximamente un convenio con el Ministerio de Cultura para poner a su disposición los medios tecnológicos que posee para buscar pecios submarinos en el litoral español, según el almirante Gonzalo Rodríguez González-Aller, director del Órgano de Historia y Cultura Naval del Ministerio de Defensa.
Esos medios son fundamentalmente tres: los barcos de la Armada, especialmente el cazaminas M31-Segura y el Neptuno; el sónar de barrido lateral, del que disponen estos buques, y el ROV (Remote Operated Vehicle) un robot submarino no tripulado que se controla por control remoto desde la superficie de un barco por medio de un cable largo.
El sónar de barrido lateral detecta las irregularidades en el fondo del mar desde la superficie mediante ondas, lo que permite realizar una fotografía acústica del terreno que sirve para localizar los barcos hundidos. El ROV permite bajar a las profundidades donde se encuentran los restos arqueológicos, grabar imágenes y operar sobre el hallazgo para llevarlo a la superficie.
La implicación de la Armada en el Plan Nacional de Protección del Patrimonio Subacuático, presentado hace un año por el Ministerio de Cultura, supone un avance para la recuperación de pecios. La Armada ya tiene dos proyectos con nombre y apellidos: el Santo Cristo de Maracaibo y La Reina Regente. El primero es un buque que fue capturado por la flota angloholandesa durante la batalla de Rande en 1702. Cuando era remolcado hacia Inglaterra chocó con una roca al salir del puerto de Vigo y se hundió al sur de las islas Cíes. El segundo regresaba de una misión en Tánger cuando naufragó en la bahía de Cádiz el 9 de marzo de 1895.
El convenio que la Armada y el Ministerio de Cultura firmarán tiene un presupuesto inicial de 250.000 euros, según González-Aller e incluye un ambicioso plan para cartografiar los pecios sumergidos en todo el litoral y almacenarlos en un banco de datos que permita protegerlos.

Los 130 dueños del tesoro de Odyssey
El Archivo de Indias demuestra que el oro y la plata de "La Mercedes" era la fortuna personal de mercaderes españoles.
Sus descendientes podrían reclamar la carga

Miles de descendientes de los propietarios de la carga de oro y plata que se hundió con la fragata La Mercedes podrían reclamar sus derechos sobre este tesoro, hallado por la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration en mayo de 2007. Documentos depositados en el Archivo de Indias (Sevilla), a los que ha tenido acceso EL PAÍS, prueban que gran parte de la carga (697.621 pesos) del barco pertenecía a unos 130 mercaderes españoles. El resto (253.606 pesos) era dinero de la Corona.
La lista de los 130 propietarios da un vuelco al caso que mantiene enfrentados a Odyssey y al Gobierno español desde hace más de un año porque multiplica el número de posibles reclamantes. Los descendientes directos de aquellos mercaderes se podrían unir así como reclamantes al Estado español, que asegura haber sufrido un expolio de una fragata de guerra española, a Odyssey, que encontró el tesoro; y a Perú, que alega que el oro y la plata salieron de sus minas. El juez Mark Pizzo, que lleva el caso en Tampa (Florida), tendrá que decidir en los próximos meses qué derechos prevalecen.
La fascinante historia de La Mercedes se encuentra en varias fuentes bibliográficas. El capitán de navío de la Armada Española, Cesáreo Fernández Duro (1830-1908), narró el suceso a partir de los diarios de a bordo. El barco sale de El Ferrol en 1802 hacia las Indias con la orden dispuesta por el ministro de Marina, Domingo de Grandallana, de traer los caudales de la Real Hacienda que hubiese en América. El barco está en Lima en marzo de 1804. Los legajos Lima 648, Lima 1440 y Lima 1535, todos ellos en el Archivo de Indias, dan cuenta exacta de la carga que fue registrada en el buque destinada a "Su Majestad el Rey", por entonces Carlos IV. Exactamente 253.606 pesos en distintas monedas de plata y oro y para distintos fines; "mesadas eclesiásticas", "préstamo patriótico", "por donativo para la pasada guerra" y "a disposición del Exmo. Ministro de Hacienda".
La otra parte que se transporta en el barco pertenece a "los particulares", según aparece en los registros de aduana. Son 187 páginas del legajo Lima 648, donde se documenta cómo durante marzo de 1804 los mercaderes depositan su fortuna personal y otros enseres. Todos los documentos, escritos en letra de imprenta, empiezan igual y van firmados por el maestre del barco, Vicente Antonio Amurrieta: "Sírvase V. mandar se forme partida de Registro a D. Juan González para cargar en la fragata de S.M. nombrada Mercedes, de la que soy Maestre, y se halla próxima a regresar al Puerto de Cádiz, con registro de Oro, Plata y Frutos de las especies siguientes". Idéntico registro, con otros nombres, aparece en cada una de las 187 páginas. Algunos de los mercaderes depositan oro y plata en más de una ocasión. Unos meten cantidades de 200 pesos, otros de 7.000. Los caudales pasan a estar en algunos casos bajo la custodia de algunos miembros de la tripulación. Los documentos también incluyen los nombres de los destinatarios que tendrían que recibir el dinero en Cádiz. Así se va configurando la lista hasta alcanzar la cifra de 130 mercaderes y 697.014 pesos, además de otros artículos ("Cueros de leones y lobos marinos, pieles de guanaco, perfumes, docenas de chinchilla..."). La lista elaborada por EL PAÍS a partir de esos documentos ha de considerarse incompleta, pues en ellas no aparecen, por ejemplo, las cantidades que llevaban algunos militares y otros miembros de la tripulación.
La Mercedes parte meses después con algunos de esos mercaderes a bordo. Le acompañan otras fragatas de guerra (La Clara, La Medea y La Fama) y un grupo de cuatro fragatas de comercio (El Castor, La Joaquina, El Astigarraga, La Dos Amigas). Comanda la flota don José de Bustamante y Guerra, un marino con mucha mar. El 5 de octubre de 1804, a las ocho de la mañana y cuando la escuadra está muy cerca de Cádiz, frente al cabo de Santa María, La Clara hace señal de cuatro velas indicando al resto de la flota la aparición de fragatas inglesas en el mismo rumbo.
España está en paz con Inglaterra pero, aun así, la flota del comodoro Graham Moore ataca a los españoles. La Mercedes saltó en pedazos a los pocos minutos de combate y el mar se tragó el oro, la plata y las 249 personas que viajaban en el buque. España declaró la guerra al Reino Unido el 14 de diciembre de 1804 con motivo de este suceso, que se considera la antesala de la batalla de Trafalgar que tuvo lugar el año siguiente.
Dos siglos después, una empresa estadounidense llamada Odyssey Marine Exploration, especializada en la búsqueda de pecios submarinos, anuncia el hallazgo de un tesoro de 500.000 monedas de oro y plata, con un peso de 17 toneladas. Desde el primer momento, España sospechó que se trataba de La Mercedes y Odyssey confirmó recientemente que ésta es la hipótesis más probable, aunque asegura que aún no hay pruebas suficientes para determinar la identidad del barco. Si los descendientes de aquellos mercaderes pueden reclamar o no es algo que tendrán que decidir el juez. Odyssey y España defienden dos posturas opuestas. La empresa considera que los descendientes tienen derecho a reclamar, aunque se reserva una recompensa de entre el 80% y el 90% del valor actual de la carga por haber rescatado el tesoro. España sostiene que La Mercedes era un buque de guerra, patrimonio exclusivo del Estado y, por tanto, expoliado por Odyssey.
Si el juez determina que España tiene razón, que el tesoro pertenece a La Mercedes, y que el Estado es soberano, entonces los descendientes tendrían que reclamar ante los tribunales españoles y sus demandas tendrían que sustentarse en leyes que jamás plantearon la posibilidad de que los herederos hiciesen valer sus derechos sobre algo perdido 200 años antes en el fondo del mar. El abogado que defiende los intereses de España en Estados Unidos declaró el pasado mayo que ese hundimiento "fue un acontecimiento en la historia mundial y en la de España equivalente a lo que sucedió en la batalla de Pearl Harbor", que precipitó la participación activa de Estados Unidos en la II Guerra Mundial.

Odyssey recurre en diciembre de 2009 la decisión del juez que obligaba a la empresa a devolver el tesoro compuesto por 500.000 monedas de plata y oro en un plazo de diez días

Odyssey recurrió la decisión del juez ante la la Corte de Apelaciones. Según una orden firmada por el juez Steven D. Merryday del distrito federal de Tampa (Florida), la empresa deberá devolver las 500.000 monedas de plata y oro (que equivalen a 17 toneladas del tesoro) en un plazo de diez días. La decisión de la empresa de recurrir esta orden retrasará la resolución final del caso. Como en anteriores sentencias, Merryday reafirma que el tesoro extraído por Odyssey del fondo del mar, en un pecio denominado por la empresa estadounidense Cisne Negro, pertenece sin duda a la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes. Por ello, según el juez, el lugar del hundimiento y todos los objetos encontrados están bajo soberanía española, lo que reafirma las decisiones previas en el mismo tribunal de Tampa del juez Mark Pizzo. Odyssey sigue insistiendo que España no tiene derecho al tesoro porque el buque Nuestra Señora de la Mercedes se hallaba en una misión comercial cuando fue hundido. La empresa atribuye así ciertos derechos para los descendientes de los mercaderes que murieron en el barco. "Más del 70% de la carga de monedas que iba en el barco nunca perteneció a España", señaló ayer Melinda MacConnel, Odyssey Vice President and General Counsel.
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha considerado hoy "crucial" en la defensa de los intereses "del patrimonio histórico español" la sentencia del juez de Tampa. González-Sinde ha expresado su "satisfacción" por esta sentencia, al igual que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien -en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros- , sin conocer en detalle el contenido de la decisión judicial, ha precisado: "si está a favor de España, no puedo más que expresar mi satisfacción".

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