Muy cerca de Pamplona, el Valle de Aranguren agrupa a pueblos que se han ido convirtiendo en los últimos años en extensiones de la capital navarra -véase Mutilva Alta y Mutilva Baja- y a diminutas localidades como Laquidáin o Ilundáin, que o no llegan o apenas rebasan los diez habitantes. El Valle de Aranguren tiene una importancia histórica que ha sido estudiada por arqueólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en colaboración de un grupo de jóvenes de distintas nacionalidades en una fórmula propia de la estación veraniega: la combinación de las campañas de excavación de los profesionales y los campos de trabajo.
Maider Carrere, la arqueóloga que dirige la excavación, asegura que Irulegi es «una caja de sorpresas». Cuando el año pasado, a instancias del Ayuntamiento del Valle de Aranguren -que por el momento es la única institución que financia la excavación-, emprendieron la primera campaña, el enclave proporcionó la primera sorpresa, y no fue una sorpresa menor: además de los restos propios del castillo, bajo tierra esperaban los vestigios de lo que parecía un castro de la Edad de Hierro. Y el promontorio de Irulegi se convirtió en un yacimiento global debido al amplio arco cronológico que abarca, en el que se está trabajando con una perspectiva también integral.

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